La sociedad se encuentra llena de perfiles diferenciados con infinidad de capacidades que se desarrollan a lo largo de la vida. Estas capacidades comienzan a aparecer desde que un niño/a llega al mundo. En un principio se comienzan a desarrollar las capacidades básicas, como, por ejemplo, la alimentación, el sueño o el contacto con otros seres humanos. A medida que el sujeto va creciendo, se van definiendo estas capacidades y, de forma selectiva, se van desarrollando unas capacidades más que otras, viéndose estas influidas por diferentes factores (ambientales, familiares, físicos, psíquico, etc.).

En gran medida, como señala Piaget en su teoría del desarrollo cognitivo, el período entre los 6 y los 12 años es aquel en el cual se desarrollan, de forma simultánea, un mayor número de capacidades, ya que el niño/a desarrolla el pensamiento crítico y comienza a darle sentido a aquellos conocimientos que ha ido adquiriendo en su etapa evolutiva. Estas capacidades se encuentran estrechamente relacionadas con el proceso educativo del niño/a, que, durante ese momento, se encontrará cursando la etapa de educación primaria. Como profesionales de la educación, debemos saber y comprender que cada niño/a tiene su propio ritmo de aprendizaje y desarrollará estas capacidades y habilidades de una forma muy diferente de la que lo hará otra persona de su mismo curso y edad. Dentro de los factores que influyen en el ritmo de aprendizaje podemos encontrar el factor de las necesidades educativas. Es importante señalar que estas necesidades pueden derivar de diferentes aspectos y que, dependiendo de ellos, se trabajarán de una manera u otra. Sin entrar en detalles del amplio mundo de las necesidades educativas, podemos señalar que, independientemente del tipo que sea, necesitan ser diagnosticadas lo antes posible y trabajadas para su adecuación al proceso de enseñanza-aprendizaje y al desarrollo íntegro.  

No obstante, el cómo identificar estas necesidades educativas y cómo trabajarlas es un aspecto que ha preocupado a los profesionales del ámbito educativo desde que se empezó a visualizar las necesidades educativas como necesidades reales de la escuela. Para poder hacer frente a estas necesidades, los profesionales de la educación han hecho uso de una infinidad de herramientas y materiales (adaptadas a cada perfil del alumnado y su necesidad), que les han ayudado a trabajar este aspecto. A medida que ha ido avanzando la sociedad, estas herramientas han ido mejorando y actualizándose para dar una mejor respuesta. De esta manera, debemos señalar que también han ido apareciendo herramientas y dispositivos digitales, donde entra la estrella clave de este post, la tecnología educativa.

¿Cómo favorece la tecnología a las necesidades educativas?

Imagen de Thomas Park en unsplash

 

Es un hecho real que las escuelas se encuentran cada vez más digitalizadas y que, a medida que vayamos avanzando en la sociedad y las tecnologías lo hagan con nosotros, deberemos cambiar los recursos y metodologías didácticas por unos que atiendan a estos avances. Podemos deducir que en unos años la tecnología digital se normalizará dentro del todo al que llamamos escuela, la que tiene también necesidades educativas, y que debe adaptar sus metodologías para mejorar la atención a estas necesidades. Este cambio nos están dejando ver los innumerables beneficios que tiene la tecnología como un recurso más dentro del proceso de aprendizaje para trabajar alguna necesidad educativa y, en concreto, para trabajar con alumnado  con necesidades educativas especiales.

La consejería de educación de Murcia, en su publicación “Tecnología educativa y atención a la diversidad”, hace referencia a las ideas de varios autores que defienden los beneficios que las tecnologías tienen en una educación que atiende a las necesidades educativas. Entre ellas, destacan la necesidad de desarrollar sus potencialidades -ya que se necesita potenciar sus habilidades y aprovecharlas para su desarrollo-, y las diferentes herramientas tecnológicas – debido a que facilitan que la tarea sea más llevadera y práctica para ellos y ellas-. La tecnología ofrece diferentes materiales (pizarras digitales, Tablet, teclados inteligentes, entre otros) que pueden favorecer la accesibilidad al aprendizaje del alumnado con alguna discapacidad motóricas o sensoriales.

Además, debemos tener en cuenta el gran beneficio que tienen las metodologías o modelos emergentes, así como la reconversión de las modalidades educativas hacia instancias online como el e-learning para el desarrollo de este alumnado. Esta les permite explorar y beneficiarse de este tipo de tecnología. Sin embargo, no solo debemos fijarnos en los beneficios académicos que supone esta integración de la tecnología, sino que también debemos analizar el beneficio vital que puede suponer para una persona con alguna discapacidad. Por ejemplo, entre los múltiples beneficios de las tecnologías para personas con algún tipo de NEAE, las tecnologías digitales pueden ayudar a simular o trabajar situaciones y enseñar a la persona la manera de actuar y cómo reconocer la situación en la que se encuentra. Este aprendizaje es interesante para alumnado con necesidades educativas derivadas de alguna discapacidad mental u otra discapacidad que incluya el deterioro de la memoria y el razonamiento.

Un aspecto que influye a todas las etapas educativas

Imagen de Gabriel Benois en unsplash

Otro aspecto que debemos tener en cuenta es el abandono escolar que supone la falta de recursos para las personas con necesidades educativas. Como reflejan las estadísticas propuestas por el ministerio de educación en su informe sobre necesidades educativas, a medida que se avanza en las diferentes etapas educativas podemos ver cómo el número de alumnado con estas necesidades se va reduciendo considerablemente, optando por formaciones profesionales y dejando de lado las enseñanzas universitarias.

Esto nos lleva a plantearnos cuáles son los factores que hacen que estas personas no puedan avanzar en su desarrollo académico. Debemos tener claro que muchas veces estos factores provienen de las propias condiciones de la persona, pero es cierto, que también existen factores, como la adaptabilidad del entorno y los recursos, que hacen que este alumnado no pueda avanzar en el desarrollo íntegro de su aprendizaje.

Las tecnologías guardan un papel importante en este ámbito de factores materiales y recursos, ya que, como se ha señalado previamente, pueden ayudar a adaptar los contenidos, facilitar el acceso a los mismos y ofrecer alternativas visuales y manipulativas al aprendizaje de este grupo de personas. La introducción de las tecnologías podría aportar infinidad de sistemas alternos adaptados a las necesidades de la propia persona, ya que, como bien sabemos, una gran característica de los recursos TIC es que pueden ser diseñados y adaptados atendiendo a las necesidades contextuales e individuales. Esto ayudaría a que los alumnos/as con necesidades educativas pudiesen avanzar en las etapas de su educación haciendo uso de las tecnologías y del profesorado como aliado.

La formación del profesorado y el uso pedagógico de las tecnologías como  ser factores claves

Las tecnologías pueden ayudar enormemente a eliminar o disminuir esas barreras que impiden o delimita el aprendizaje de personas con necesidades educativas y, además,  son capaces de hacernos mejorar como docentes, ya que nos facilitan el acceso a este tipo de alumnado. Por ello, no podemos olvidar que es fundamental realizar un uso correcto y aprovechar estas herramientas dentro de nuestras aulas, ya que debemos comprometernos con favorecer la calidad educativa independientemente de las necesidades. La formación del profesorado y el uso pedagógico de las tecnologías podría ser factores claves para eliminar barreras dentro de los entornos educativos.

Todo esto nos confirma que es necesario dedicar tiempo e invertir económicamente para que esta unión de atención a la diversidad y tecnología en las aulas sea posibles. La educación es un compromiso social, que involucra a cada ente que forme parte de ella, por ello, debemos defender y alimentar un cambio en las escuelas que beneficie a todo el alumnado, ayudando a conseguir mejores resultados académicos y personales.


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